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VIA CRUCIS DEL CONSEJO PRESIDIDO POR NTRO. PADRE JESÚS CAUTIVO.

Durante la cuaresma de 2024 tuvo lugar una jornada histórica para nuestra Hermandad y para todo el pueblo de Osuna: el Solemne y Piadoso Vía Crucis del Consejo Local de Hermandades y Cofradías, presidido por la sagrada imagen de Nuestro Padre Jesús Cautivo, Santo Ecce Homo del Portal.Aquel 18 de febrero de 2024 quedó grabado en la memoria de nuestros hermanos y devotos como una tarde de fe, recogimiento y profundo testimonio público.

Desde Iglesia de San Agustín, punto de inicio y final del recorrido, el Señor del Portal recorrió las calles de Osuna entre las 16:30 y las 20:30 horas, visitando enclaves emblemáticos y recibiendo el rezo de las estaciones por parte de las distintas hermandades del pueblo de Osuna. 

El itinerario discurrió por San Agustín, Antequera, Plaza de Ntra. Sra. de Consolación, Plaza del Duque, Sevilla, Cristo, San Pedro, La Cilla, Carrera, Compañía y Plaza Mayor, entre otras calles, configurando un recorrido que unió templos, conventos y sedes canónicas en una catequesis pública de oración y silencio.

Cada estación estuvo a cargo de una hermandad, desde Jesús Caído hasta la Sacramental, que cerró el rezo ya bien entrada la noche. Especialmente emotivo fue el momento vivido en el Palacio Marqués de la Gomera, donde el cantaor ursaonense Manuel Cuevas elevó una sentida saeta desde el balcón principal, quebrando el silencio con un canto desgarrado que conmovió a todos los presentes.

La parte musical estuvo magistralmente acompañada por la Capilla Musical “Nuestra Señora de la Victoria” de Estepa, con su trío de oboe, clarinete y fagot, así como por el Coro “Diego de Salazar”, que aportó la solemnidad de la polifonía sacra en distintos puntos del recorrido, enriqueciendo espiritualmente el rezo del Vía Crucis.

Aquel día también se estrenaron y presentaron diversos elementos que dieron aún mayor realce al acontecimiento. El Señor lució una nueva corona plateada, presentada días antes durante su solemne función de Preces, celebrada por el Rvdo. P.D. Manuel Ávalos Fernández, Vicario de la Zona Sur, párroco de Ntra. Sra. de la Asunción y director espiritual de la Hermandad el 20 de enero a las 19:00 horas, junto al cartel anunciador, la estampa y la papeleta de sitio, obras todas de N.H.D Pedro Selva Bejarano. El cartel, cargado de simbolismo y referencias teológicas, ofrecía una profunda meditación visual sobre la Pasión, con la luz de Cristo triunfando sobre las tinieblas, en alusión al texto del Evangelio de San Juan que lo circundaba: “La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella”.

Durante la cuaresma de 2024 tuvo lugar una jornada histórica para nuestra Hermandad y para todo el pueblo de Osuna: el Solemne y Piadoso Vía Crucis del Consejo Local de Hermandades y Cofradías, presidido por la sagrada imagen de Nuestro Padre Jesús Cautivo, Santo Ecce Homo del Portal.Aquel 18 de febrero de 2024 quedó grabado en la memoria de nuestros hermanos y devotos como una tarde de fe, recogimiento y profundo testimonio público. Desde Iglesia de San Agustín, punto de inicio y final del recorrido, el Señor del Portal recorrió las calles de Osuna entre las 16:30 y las 20:30 horas, visitando enclaves emblemáticos y recibiendo el rezo de las estaciones por parte de las distintas hermandades del pueblo de Osuna. 

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Igualmente, significativo fue el estreno del llamador, donado por un grupo de devotos, que representaba las tres llaves de la Clavería del Santo Ecce Homo, evocando aquellas que abrían el portal de la hornacina donde la imagen recibió culto en el desaparecido convento de Madre de Dios.

El Señor fue portado en unas andas inspiradas en los sepulcros barrocos, marmorizadas en tonalidades verdosas y negras, con detalles dorados y la inscripción latina que proclamaba: “Triumphat super sepulcrum et mortem / Sine Christo non est vita nec resurrectio”. El conjunto se completaba con los guardabrisas del paso de Nuestra Señora de la Esperanza recientemente restaurados, cuya luz tenue acentuaba el carácter luctuoso y esperanzador del acto.

Ahora años después del aquel soleado domingo que el señor nos regaló, nuestra Hermandad eleva una oración de acción de gracias por el privilegio de que Nuestro Padre Jesús Cautivo presidiera el Vía Crucis de las Hermandades de Osuna, dejando una huella imborrable en la historia reciente de la corporación y renovando en todos nosotros el compromiso de vivir con mayor hondura nuestra fe.
Que el recuerdo de aquel día nos ayude a seguir caminando con el Señor, con la misma serenidad y confianza con la que recorrió las calles de Osuna aquella tarde de febrero.

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Explicaciones obras de N.H.D Pedro Selva Bejarano.

Estampa del Vía-Crucis.
Presenta una imagen frontal del conmovedor rostro del Señor del Portal. Estilísticamente el autor transita en la más arraigada tradición de barroco claroscurista que en Osuna tiene una paradigmática representación en los cuadros de José de Ribera, que precisamente fueron el cauce primero de entrada en Andalucía del tenebrismo naturalista de Caravagio desde la ciudad de Nápoles. En la obra la luz incide sin matices, acentuando los volúmenes de la imagen. La luz y la sombra ordenan el espacio de manera radical, sin transiciones.


Papeleta de sitio.
En este caso en la media faz del Señor Cautivo la que nos interpela en un estilo novedoso y transgresor. La estampa se inunda de tonalidades verdosas como recurrencia al color corporativo de la cofradía, con efectos acuosos muy vistosos de reminiscencias marmóreas.


Cartel anunciador del Vía-Crucis.
En el cartel anunciador el autor ha sabido codificar, revitalizada, la retórica barroca, al interpretarla, bajo el foto del simbolismo, con nuevos moldes. El resultado es el de una obra con un sugerente discurso que atrapa con escenas de inquietante dramatismo, belleza y sensualidad. En ella lo profano, la mitología se funden con la tradición cristiana, sin que

disuenen elementos tan dispares. En resumen podríamos decir que actualizó el drama de la Pasión.
En cuanto al sentido de la composición, en su vertiente simbólica, la clave viene dada por el texto de San Juan que circunda el nimbo que ilumina el rostro de Cristo: “La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella”. En la parte baja de la composición nos encontramos con un caótico conglomerado de figuras misteriosas, que transitan entre la luz y la sombra. Las serpientes como representativas del pecado, el pesado de las almas en la balanza, o el astrolabio, antiguo instrumento astronómico que permitía determinar la posición y altura de las estrellas sobre el cielo, que alegoriza la vanidad del hombre en su deseo por controlar el mundo exterior, de poner los astros en sus manos, de ocupar el lugar de Dios. En el caos especial protagonismo tienen los jinetes del Apocalipsis que se precipitan al vacío. En este caso aparecen tres: el rojo (guerra), el negro (hambre) y el bayo (muerte/epidemia), representado con la osamenta del animal y el esqueleto del jinete. No aparece el cuarto, el blanco, el que irradia luz, que se ha considerado un símbolo de los Evangelios, el Cristianismo, la Iglesia y el propio Cristo. Es por ello que no aparece, porque se vincula con la presencia en la composición de la imagen de Nuestro Padre Jesús Cautivo. También se ha querido ver en él la manifestación de la Esperanza que triunfa sobre los otros tres jinetes, precisamente la advocación de la imagen titular mariana de la cofradía crucera.
Como elemento articulador de la composición, en el fondo se recreó el velo de tinieblas o velo del templo. El significado del velo contaba con una larga tradición en el mundo hebreo desde el Antiguo Testamento. Separaba el Lugar Santo del Lugar Santísimo, donde se encontraba el propiciatorio sobre el Arca del Testimonio. Aquel espacio estaba cerrado a todos. A nadie se le permitía pasar, más allá del velo, a la presencia de Dios, excepto al sumo sacerdote. El velo venía a simbolizar la barrera entre Dios y los seres humanos. Según describen los Evangelios, a la muerte de Jesús se produjo un eclipse de sol, que cubrió a la tierra de una gran oscuridad. En el instante en el que Cristo expiró la tierra tembló, las piedras se hendieron y el velo del templo se rasgó en dos. De manera que al desgarrarse el velo sagrado del templo con la muerte expiatoria de Cristo se disiparon las tinieblas y se abrió el acceso de todos al Santo de los Santos, a la “Morada” de Dios. A partir de entonces el camino estaba abierto para que todos los hombres pudieran acceder al Trono de la Gracia. En el cartel anunciador el velo además preludia la inminente Pasión de Jesucristo. Para su elaboración el autor se ha inspirado en las características policromías y estofados del escultor del Santo Ecce Homo, el malagueño Fernando Ortiz, con esos característicos tonos azules y los refinados motivos de inspiración oriental tan propios del universo creativo del artista y el preciosismo rococó de la estética de la segunda mitad del siglo XVIII. 

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